
Yachting
La Argentina también festejó en vela: Marcos Galván triunfó en la Clase Mistral, en un desenlace atrapante, y Serena Amato lideró en Europa; además, Diego Romero obtuvo la medalla de bronce en Laser, igual que la tripulación integrada por Luis Soubié y Cecilia Granucci, en Snipe.
18-08-2011 | GIMLI, Canadá. Lo soñó. Jura que lo soñó. Marcos Galván vio un flash inconsciente con su cabeza apoyada en la almohada y los ojos bien cerrados. "Yo llegaba primero y el canadiense terminaba segundo. El brasileño no tengo ni idea; no lo vi en el sueño".
Habla de un "canadiense", de un "brasileño". Todos tenían que ver con su regata, con sus posibilidades de llegar a un oro que parecía demasiado difícil. "El brasileño" era Ricardos Santos (Bimba para los amigos), el que marchaba primero en la clasificación; el que, con terminar un lugar detrás de Galván, se aseguraba el oro. "El canadiense" era Alain Bolduc, el que peleaba por el bronce con Mike Gebhardt, el norteamericano que Marcos tampoco vio en su sueño.
Pues resulta que Marcos ganó la última regata, el norteamericano terminó segundo y Bimba llegó tercero, en un final impresionante, con los tres en un rush parejísimo. Conclusión: Galván ganó el oro, Santos la plata y Gebhardt el bronce. La Argentina consiguió así dos medallas doradas (Serena Amato en la Clase Europa) y dos de bronce (Diego Romero, en Laser, y la tripulación Luis Soubié-Cecilia Granucci, en Snipe) en el yachting panamericano, que, al sumárseles al remo y al canotaje, arrojan una ecuación concluyente: nadie en el agua como la delegación nacional. Entre las tres consiguieron 12 medallas doradas contra 11 de Canadá y 7 de los Estados Unidos. Impresionante.
¿Cómo? ¿Por qué? ¿Hay que considerar potencia a la Argentina? Ellos, los nuevos medallistas argentinos, son los que opinan. Los que hablan. Los que saben mejor que nadie de qué se trata este boom panamericano.
"Yo creo que el Río de la Plata es el mejor río del mundo para navegar -dice Luis Soubié-. Tiene todo: olas, viento y corriente. Y lo tenés los 365 días del año. No es como los canadienses, que, aunque tengan otros medios, en invierno patinan arriba del lago."
Su compañera en el Snipe, Cecilia Granucci, se le sumó: "Esto es parte de una escuela".
¿Escuela? "Sí, para los que navegamos, esto es una pasión. Es la única manera de entender que nos guste levantarnos a las siete de la mañana en invierno, morirnos de frío, entrenarnos en el agua y después en el gimnasio..."
Luis insiste: "Es como en el fútbol. Siempre sacamos buenos tipos. Debe ser por eso de la pasión".
Diego Romero, segundo ayer, pero tercero en la clasificación final del Laser, también anda cerca. Bah, están juntos. Luis abraza a Cecilia. Se sacan fotos. Diego bromea como buen cordobés. Y también opina del tema: "A los argentinos nos gusta mucho la náutica. Y creo que de la cantidad sale la calidad".
Diego es "simpatizante" de Talleres, aunque no le gusta mucho el fútbol. A Cecilia, en cambio, le fascina tanto el deporte de la pelota número cinco que ni piensa en sacarse la camiseta del seleccionado que lleva puesta. "¿Qué te pasa? El fútbol es otra pasión", ríe.
Serena Amato, que, como Soubie-Granucci, no corrió (ya tenía asegurado el primer lugar en Europa), pone su toque: "Desde el Preolímpico del 92 se tomó consciencia de que no alcanza sólo con ser buenos en el agua. También necesitas matarte en el gimnasio".
Diego certifica las palabras de Serena: "Nuestro entrenamiento es mucho más complejo y duro que, por ejemplo, el del fútbol".
Serena (24 años) se emociona. Recuerda a su madre, fallecida hace 7 años: "En cuanto gané, pensé en ella y en todo el sacrificio que hice para llegar hasta acá". Diego (24) habla de sus objetivos: "Vine a pelear del segundo al quinto lugar. Salí tercero. Está bien, ¿no?" Luis (28) sigue sorprendido por la convivencia del grupo: "Debe ser la primera vez que no hay ni una pelea. Y mirá que dormimos en habitaciones de seis, eh. Bueno, en verdad, solucionamos el problema mayor e hicimos dormir en un mismo cuarto a todos los que roncan. Zafamos ahí, jaja..." Cecilia (20) se agranda contando una intimidad: "En los ratos libres que tuvimos jugamos al pool. Yo la regasté, la rompí".
Están muy contentos y lo transmiten. Lo contagian, por momentos. Y está muy bien. Ellos forman parte de un equipo que, con trabajo y sacrificio, se convirtió en el rey del agua en los Panamericanos.
Fuente: La Nación - José Ignacio Lladós.
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